Las empresas que no sean capaces de introducir la Inteligencia Artificial en sus procesos están condenadas a perder competitividad y quedarse fuera del mercado

En 1997, tan solo 3 años después de la fundación de Amazon, Jeff Bezos envió una carta a sus accionistas en la que celebraba que habían alcanzado los 1,5 millones de clientes. Desde entonces, esta práctica se ha convertido en una costumbre: cada año, Bezos narra de su puño y letra el desempeño de la compañía, qué lecciones han aprendido y cómo se están adaptado a las últimas tendencias. Así, el fundador del marketplace hablaba ya en el año 2000 de las razones por las que confiar en el futuro del ecommerce e introducía el concepto de big data cinco años después.

De ahí que no podamos pasar por alto el primer momento (2016) en el que los términos machine learning e inteligencia artificial (IA) se convirtieron en el centro de este documento, que adquiere un cariz casi sagrado para quienes buscan su hueco en la economía digital. Tres años después, la IA ya no es una tendencia que pueda obviarse o para la que se pueda esperar. Y, sin embargo, es curioso como, pese a su relevancia y desarrollo, siguen planeando sobre ella numerosas dudas y temores. ¿Qué tiene detrás? ¿Cómo se puede aprovechar todo su potencial? ¿Cuántos sobreviviremos a su implantación?

Ha llegado el momento de que el retail empiece a pensar en AI first. Hoy te contamos por qué.

Antes de comenzar, apunta esto: la IA no es solo automatizar

Si echamos la vista atrás, vemos que el germen de esta tecnología viene gestándose desde hace tiempo. Hace años que somos capaces de enseñar a los ordenadores a automatizar tareas sencillas a través de reglas y algoritmos — todos usamos filtros spam, textos predictivos o traductores — . Pero la IA va un poco más allá de ese tipo de labores.

Lo verdaderamente innovador de esta tecnología es la posibilidad de automatizar tareas en las que es mucho más difícil describir reglas precisas, crear sistemas que aprendan por sí mismos y que se retroalimenten. ¿De qué? Nada más y nada menos que de datos, porque, si no existen o no se pueden normalizar, no va a ser posible construir estos modelos.

Se calcula que la Humanidad ha generado el 90% de los datos totales que existen en el mundo en estos últimos 5 años. La causa: la huella digital que dejamos día a día a través de nuestros dispositivos conectados. Esos datos permiten conocer a los internautas con tal exactitud que tratarlos y procesarlos de forma apropiada no solo repercute en una gestión más eficiente de los recursos de una empresa, sino también en la experiencia de compra y la fidelización de los clientes.

En este contexto, la IA puede convertirse en el único y gran aliado del comercio en nuestro país por todos estos motivos:

  • Abre la puerta a las predicciones de compra de los usuarios en tiempo real, lo que permite un aumento de la eficiencia y da lugar, por ejemplo, a la reducción de los excedentes de producción y las necesidades de almacenamiento. Las marcas sabrán, con un alto porcentaje de acierto, si un cliente concreto está interesado en su nuevo producto o servicio antes de lanzarlo.
  • Por eso mismo, da la oportunidad de empezar a pensar en fábricas con más capacidad de adaptación y reacción ante necesidades de la demanda y procesos de producción cambiantes, e incluso más respetuosas con el medio ambiente.
  • Optimiza las entregas gracias a la capacidad de anticipación, mejorando los tiempos de distribución y satisfaciendo a un cliente cada vez menos dispuesto a esperar.
  • Y, por último, obliga a las empresas a pasar de la dedicación plena a una tarea única (la fabricación) a ofrecer servicios de mantenimiento, asesoramiento, formación o upgrading con el objetivo de mejorar la experiencia del consumidor y ofrecerle una relación a largo plazo basada en la confianza y la experiencia.

La era de la personalización absoluta ha comenzado

Ya lo adelantábamos en nuestro anterior post: al final todo redunda en entender cada vez más y mejor las necesidades del usuario para ofrecerle soluciones que aporten una propuesta de valor diferencial y hacerlo en tiempo real, con capacidad para adaptarse a las necesidades cambiantes del consumidor. O dicho de otro modo, crear una identidad digital única, satisfaciendo ad hoc las demandas de cada persona. Entender y conocer al usuario hace posible que la experiencia sea diferenciadora, fidelizando al cliente.

Aprovechar la IA requiere la adopción de nuevos procesos y métodos, así como la creación de nuevos roles y/o la reconversión de otros. Por ese motivo es vital un alineamiento entre tecnología y estrategia de negocio.

Pero, ¿estamos preparados para este cambio?

Existen varias barreras que impiden, retrasan o dificultan el desarrollo e implantación de la inteligencia artificial:

  1. Datos: Como hemos comentado, los datos son la base para llegar al conocimiento y la automatización. Por eso, es completamente necesario definir una estrategia de captación de datos normalizados y preparados para su gestión. Este proceso es quizás el más complicado para cualquier empresa, ya que la mayoría de las organizaciones no cuenta con una base de datos estructurada. Es más, la tendencia es ser capaces de recopilar el menor número de datos posible sin, por ello, dejar de conseguir los mejores insights.
  2. Talento: Hay una clara brecha en materia de perfiles tecnológicos. De hecho, muchos puestos de trabajo se acaban cubriendo con personas que no cumplen exactamente con la cualificación o habilidades demandadas, precisamente por la oferta limitada de profesionales tecnológicos. Hablando de IA entramos, además, en un terreno un tanto pantanoso, ya que esta requiere de la combinación de perfiles y conocimientos muy diferentes (no solo técnicos, sino también humanísticos y sociales) para exprimir su máximo potencial en la resolución de problemas con un enfoque transdisciplinar.
  3. Resistencia al cambio: La complejidad en la implantación de los sistemas de IA es alta porque supone grandes inversiones en tiempo y dinero. Además, requiere la adopción de nuevos procesos y métodos, así como la creación de nuevos roles y/o la reconversión de otros. Por ese motivo es vital un alineamiento entre tecnología y estrategia de negocio.

A estos tres elementos se une un cuarto que no depende exclusivamente del tiempo o los recursos que una empresa quiera invertir en la introducción de esta tecnología en su negocio. Muchos de los desarrollos en ciernes en el ámbito de la Inteligencia Artificial dependen de cambios más profundos que tienen que ver con la creación de marcos regulatorios propicios o la puesta en marcha de laboratorios o entornos de pruebas y sandboxes. De ahí que las diferencias en el grado de implantación y desarrollo de la IA se mida en términos de país.

Adivina quién va ganando esta carrera

La regulación, las políticas públicas y las inversiones que cada Estado lleva a cabo influyen irremediablemente en el desarrollo de esta tecnología y sus consecuentes aplicaciones. En este sentido, existen ya dos líderes claros: China y Estados Unidos, que dejan atrás a una Europa rezagada.

El país asiático tiene una ambiciosa estrategia nacional para posicionarse como la primera potencia mundial en el desarrollo de la Inteligencia Artificial para el año 2030. Este plan abarca una multitud de ámbitos: I+D, industrialización, talento, educación, ética y seguridad. Además, debido al alto nivel de digitalización del consumidor chino y a que el país no tiene una regulación tan restrictiva en materia de privacidad, como sí ocurre en Europa, el entrenamiento de sus sistemas a través de la generación masiva de datos se vuelve mucho más rápida y sencilla.

En la otra cara de la moneda se encuentra EEUU, con un enfoque radicalmente opuesto. Mientras en China el asunto forma parte de la política de Estado, en EEUU la IA se desarrolla desde en el ámbito privado: son las grandes empresas tecnológicas (Apple, Amazon, IBM y Google…), junto con una potente red de startups, las que están tirando del carro.

La diferencia con Europa es acusada, cuanto más si miramos a nuestro país. Según un estudio de PWC y Microsoft sobre empresas en España, “solo un 11% de las compañías cuenta con capacidades adecuadas para poner en marcha iniciativas de IA”. Y es que las empresas españolas no tienen estrategias en Inteligencia Artificial, de nuevo por sus altos costes y por falta de talento.

IA sí o sí, no hay elección

Pese a todo, la adaptación a una nueva realidad condicionada por la IA no es algo opcional. Las empresas que no se adapten a estos cambios perderán competitividad y se quedarán fuera del mercado, especialmente cuando esta se convierta en un commodity (démosle 10 años).

En palabras del propio Jeff Bezos: “Es fundamental adaptarse de manera ágil a las tendencias [tecnológicas]. Si luchas contra ellas, probablemente estés luchando contra el futuro. Abrázalas y tendrás viento de cola. Estas grandes tendencias no son tan difíciles de detectar (se habla y se escribe mucho sobre ellas), pero pueden ser extrañamente difíciles de aceptar para las grandes organizaciones. Y justo ahora estamos en medio de una de ellas: aprendizaje automático e inteligencia artificial”.


La importancia de la IA para el retail en nuestro país no es ciencia ficción. Es una realidad que exige mantener la mente abierta y apostar por la colaboración; un tema sobre el que se reflexiona y se ofrecen muchos más detalles en el informe IA, el futuro del retail, realizado por Kairos Digital Solutions para Adigital e ICEX. Descárgalo de manera gratuita en nuestra web:

Artículo escrito por Laura Ruíz, responsable del área de Moda de Adigital.

Source: Artificial Intelligence on Medium